
Los educadores y psicoterapeutas nos cuentan cómo juegan: Eva Martínez
Después de tres años con una buena acogida del juego Demundus, queremos reivindicar el valor de la experiencia lúdica en el desarrollo de la persona.
Diferentes profesionales del acompañamiento con un recorrido consistente tanto personal como profesional nos muestran qué espacio tiene el juego en sus vidas, respondiendo a tres sencillas preguntas.
Eva Martínez estrena este ciclo con su testimonio. Eva es maestra, formadora de formadores y terapeuta, y ha publicado varios libros sobre emociones, educación y familia. Muchas gracias a Eva por atendernos para esta entrevista.
¿Qué espacio le das al juego en tu vida y cómo valoras sus beneficios para tu propio desarrollo personal, familiar, relacional…?
Me gusta jugar, siempre me ha gustado. Me conecta con una actitud de creatividad, de atrevimiento, me da permiso para salir de lo conocido y me hace explorar lugares nuevos que difícilmente visitaría si no jugase. Siempre hay sorpresas en el juego.
Como educadora, he visto en multitud de ocasiones cómo a través del juego se generan importantísimos aprendizajes. En la infancia es una necesidad para irse construyendo, es el auténtico trabajo de los niños: jugar y jugar.
En mis relaciones, a menudo me gusta incorporar algo de juego en lo cotidiano: enviar un mensaje secreto para invitar a unos amigos a cenar, preparar alguna sorpresa para mi pareja, hacer algo atrevido con mis amigas cuarentonas con la excusa de estar jugando…
Y otra cosa: ¡me encanta hacer trampas!
En tu práctica profesional como acompañante (psicólog@, terapeuta, educador/a, mediador/a…) ¿cómo contribuye el juego al desarrollo de las personas y cómo lo integras en tu día a día?
Suelo utilizar mucho el juego en el trabajo con niños. Me sirve para comunicarnos en un lenguaje que ellos conocen bien, y a partir de ahí estirar los hilos que a mí me parecen importantes. Con los adultos también me atrevo con propuestas a partir de juegos de rol, o les invito a hacer pequeñas “travesuras” en secreto. En un escenario de juego, creo que los adultos tienen más facilidades para salir del corsé de lo “políticamente correcto”, y se atreven a ir más lejos en su manera de comunicarse, en sus expresiones, en su autoexplorarse… Es como si el juego nos diese el permiso que en ocasiones nosotros mismos no nos damos porque ya somos adultos. Cuando nos ponemos a jugar, recuperamos parte de nuestra infancia, nuestra inocencia, nuestras ganas de descubrir… que nos aportan mucha vitalidad y bienestar.
Y si la vida fuera un juego, ¿a qué juego jugarías?
Si la vida fuera un juego no habría que escoger uno solo, podríamos vivirla jugando todo el tiempo. Unos días al solitario, otros en compañía de un equipo con quien compartir, y otros a imaginar que somos quien nos gustaría ser… como hacen los niños cuando van creciendo y se van construyendo. Ah! Y -por supuesto- otros días, también jugaría a médicos.
Acerca de Eva Martínez:
Maestra y formadora de formadores en el ICE de la UAB, y en la Asociación ARAE. Formada en Pedagogía Sistémica y en Terapia Gestalt. Colaboradora habitual de publicaciones de temática educativa. Especialista en Educación Emocional, y en el trabajo de acompañamiento con cuentos y narraciones, con experiencia en diversos ámbitos: familias, universidades (UAB, UVic-UCC, UdL), docentes, personas educadoras de ámbito no reglado, etc. Co-autora de Emociones y familia: El viaje empieza en casa (Ed.Graó), y de Bajo la piel del lobo: acompañar las emociones con los cuentos tradicionales (Ed.Graó). Directora pedagógica de la Associació ARAE. Terapeuta y orientadora.